Facturaban millones, pero el margen era ridículo. Tenían 15 líneas de negocio compitiendo entre sí: cada una pedía presupuesto, atención y una historia distinta.
Entramos con el bisturí: matamos 8 productos, ordenamos la arquitectura de marca y reposicionamos la narrativa hacia el segmento premium que ya pagaba más… pero no se sentía atendido.
Hoy facturan el doble, operan con la mitad de fricción y la competencia ya no puede igualar sus precios.